Posteado por: Om Espacio Dinámicas Integradas | 30 junio 2012

El astral.

 El astral.

De la misma manera que hay personas que hablan autorizadamente sobre la vida, pero que saben poco de ella, así también hay personas que hablan sobre Yoga, y nunca lo han practicado.

Cuando pasamos revista a nuestras vidas pasadas, descubrimos que hemos vivido sólo un fragmento de una experiencia mucho más grande. Lo que el mundo llama vida, no es más que una experiencia objetiva. Los esfuerzos para llegar a la causa de las cosas son los primeros pasos, que damos para conocer la razón de nuestros sufrimientos. Si uno preguntara a un gran yogui: “qué es vida?”, os respondería: “Sólo conozco un fragmento” o, como he oído decir a uno: “Me encuentro en la orilla de una vasta y gran Realidad”.

Nuestros cuerpos difieren en sus radiaciones; pues absorben, lo mismo que irradian, las ondas de sonido y de color que se ponen a su alcance; gracias a éstas, uno puede ver lo que está mal en una persona. Cuando vemos que estas radiaciones son confusas, indica que la vitalidad de la persona es muy baja. En personas sanas, las corrientes astral, mental y varias otras, aparecen claras.

El cuerpo astral muestra un débil delineamiento gris, con varias hebras entretejidas, cerca del eje de la espina dorsal, las cuales pasan a través del cuerpo hasta el centro del ombligo, donde se unen en una espesa envoltura. De éstas es de donde se extrae el flúido seminal, cuando el médium desea materializar entidades astrales. La envoltura astral carece de desarrollo; es la caja sonora que controla al sensitivo, cuando éste está bajo el dominio de una entidad desencarnada. Tarda varios segundos el semen para recogerse en la envoltura parecida a una bolsa; con esta fuerza creadora podemos proyectar el cuerpo astral a corta distancia del cuerpo físico; pero no puede registrar nada por encima de su inteligencia; por cuanto su radiación no es fuerte y es extraña a nuestro sistema secundario y central.

Cada persona es diferente en la escala de pasión y deseo, y el sistema seminal responde a éstos. Si nuestras pasiones son animales, recogemos tales átomos. De consiguiente, debemos aspirar a la pureza y buscar la inteligencia más elevada, dentro de nuestro sistema central.

A medida que el estudiante desarrolle esta práctica, observará varios cambios en su cuerpo astral. Este empieza a asumir un nuevo desenvolvimiento y aparece más lustroso. Esto ocurre porque se transfieren al mismo átomos del sistema seminal; el proceso se hace más pronunciado, a medida que desarrollamos el poder de entrar en nuestro sistema secundario y central.

El cuerpo astral registra todo cuanto es extraño a nuestro Intimo, y pertenece a estados sumergidos de nuestra existencia; a mundos de época antiquísima, en que éramos de substancia animal y vivíamos en el período antidiluviano.

Así como no vamos a las capas inferiores de la sociedad en busca de grandes mentalidades, tampoco penetramos en los planos astrales en busca de sabiduría; porque en ellos hay muy poco de verdadero valor.

El cuerpo astral está compuesto de numerosas fibras, mantenidas unidas por un cuerpo compuesto de materia similar a la membrana traslucente del ojo del pez. Esta membrana tiene el poder de extender su área de actividad a varias pulgadas más allá de la superficie del cuerpo físico, durante nuestro estado de vigilia.

El mundo subconsciente del animalismo sexual es muy fuerte en muchas personas; aun que éstas rechacen tal idea, inconscientemente retroceden a sus antepasados animales. El psicoanalista descubrirá esto; pues, con frecuencia, analiza las condiciones astrales y las sitúa en regiones de la mente subconsciente de sus pacientes, donde las condiciones astrales están al descubierto y perturbadas. Por esta razón, sería mejor que estos psicoanalistas estudiaran Yoga, pues así podrían penetrar conscientemente en estos estados sumergidos de los mundos de enfermedad y destrucción del animal en el hombre.

La utilidad más grande que encontramos en los átomos más desarrollados de la envoltura astral, es que ejercen gran influencia sobre las mentes estrechamente relacionadas con su atmósfera.

Aunque esta inteligencia astral sea de naturaleza animal, si está purificada por la pureza y aspiración de la Armadura Plateada (a la cual dedicaremos un capítulo más adelante), se hará radiante y vendrá a ser la caja de resonancia para los pensamientos de animales, que recibirán, también, nuestros pensamientos. De esta manera, con el tiempo, podremos conversar con los animales, como lo hizo Apolonio de Tiana.

Existe alguna confusión con respecto a esta envoltura astral. En la literatura ocultista, se habla de viajes astrales. Esto es un término erróneo, puesto que no podemos alejarnos más de unos veinte pies (alrededor de seis metros) del cuerpo físico, al que estamos ligados por el cordón plateado.

Cuando penetramos en el plano astral, ascendemos, en nuestro cuerpo mental, a una gran altura y, desde ésta, nos proyectamos en dichos planos; sin embargo, el estudiante no desperdiciará mucho tiempo en tales mundos.

Alrededor del mundo existen tres franjas de ilusión; al traspasar éstas, el estudiante atrae huestes de entidades; si se detiene y escucha sus demandas de ayuda e instrucción, puede quedar envuelto en la ignorancia de aquéllas. Al penetrar en el sistema secundario, el estudiante deja tras sí una estela luminosa, la que, como vela en la obscuridad, atrae una multitud de átomos rebeldes.

Los espíritus rara vez son interesantes; aunque, con frecuencia, los sometemos a prueba y, entonces, nos damos cuenta que poseen poca inteligencia fuera de la de este mundo. Aunque presumen de guardar grandes secretos, no pueden penetrar en el sistema secundario. De consiguiente, el estudiante ha de evitar a los que pretenden ser grandes seres. A medida que los dispersamos con nuestro poder, vemos que irradian muy poca de la luz que pretenden poseer.

Una relación demasiado estrecha con ellos dará por resultado la degradación y el debilitamiento de nuestra vitalidad.

Debiéramos mantenernos alejados de esos órdenes inferiores, cuya moral y punto de vista sobre la vida pertenecen a la naturaleza del reino animal; pues la meta del alma refinada no es asociarse con rufianes y dispensadores de narcóticos. Las almas avanzadas no se detienen en las esferas inferiores, infestadas de tales espíritus. El infierno está lleno de aquellos que todavía ansían mantener su lugar y posición en una sociedad que, por fin, se ha divorciado de ellos; no obstante, el sacrificio del yo puede colocarlos en un plano más elevado y, con el tiempo, evolucionarlos para que penetren en esferas más elevadas. Las naturalezas malignas traen tristezas a quienes les preocupan sus propios intereses sobre todo. Es de esta manera que, frecuentemente, los buenos son perseguidos por el Enemigo Secreto.

En nuestras prácticas, descendemos, muchas veces, a una esfera inferior, con el objeto de libertar a alguien aprisionado allí. Los átomos del Intimo observan a quienes, verdaderamente, se arrepienten de sus malas acciones; tienen vigilantes que informan sobre quienes han de ser redimidos de sus períodos de ilusión; de la misma manera que el estudiante es observado y se le da el impulso inicial, que le permitirá alcanzar una nota más elevada.

Existe una conciencia, llamada planeta Observador, que retarda nuestro progreso, a fin de que adquiramos fuerza suficiente, para vencer los obstáculos puestos en nuestro camino.

Este planeta es un secreto de la iniciación, y proyecta una luz rosada sobre los Iniciados, y les da una nueva conciencia de carácter militante. Este es el signo de quien ha conquistado átomos del Enemigo Secreto, dentro de su envoltura astral y mental inferior.

Marte, que es el instrumento de este planeta Observador, imprime una cualidad guerrera sobre quienes, intermitentemente, están gobernados por sus atributos de justicia.

Dentro de la envoltura astral, existen átomos migratorios, que poseen nuestras pasiones y deseos. No nos damos cuenta de que atraemos miríadas de estos átomos a dicha envoltura.

Cuando podamos visualizar esta atmósfera, veremos una masa lívida y movible de pequeños núcleos, que giran alrededor de sus propios centros. Estos átomos absorben la vida y el nutrimiento que nosotros irradiamos. Tales átomos gustan, particularmente, de los centros enfermizos, originados por nuestras pasiones y deseos antinaturales y por los estados pertenecientes a nuestra naturaleza pasada y sumergida. Hemos creado, con frecuencia, imágenes de clase subnormal y éstas son percibidas y grabadas en nosotros por nuestro Enemigo Secreto. Esto hace que nuestra envoltura astral sea invadida por hordas de átomos inferiores. 

Hablamos de entidades que viven en una esfera definida del flúido astral, y no de entidades que infestan la atmósfera del cuerpo mental inferior; por cuanto estas últimas, pertenecen a una clase más inteligente.

Los centros astrales de comunicación son, relativamente, pocos; mientras que el cuerpo mental posee muchos y, con frecuencia, nos damos cuenta de alguna entidad astral, que busca información acerca del plano inmediato superior, al que no puede penetrar. Estas entidades son como bestias que ni trabajan ni enriquecen al mundo; sino que son parásitos que viven de la fuerza vital de otros. Quienes se ponen en contacto con ellas devienen, igualmente, desvitalizadores e indolentes, sin incentivo alguno para el trabajo.

Para librarse y alejarse de tales condiciones, uno ha de cultivar el sentimiento de prosperidad y actividad. Esto lo consiguen quienes han atraído a los átomos aspirantes. La vitalidad expulsa a aquellos, de la misma manera que la ociosidad los atrae; la luz del sol los aleja también de tales condiciones. Si el estudiante llega a infestarse de estas condiciones inferiores, bastará espolvorear azufre en las medias para desarraigarlas. Por este mismo procedimiento se pueden remediar, también, varias clases de obsesión; porque tales condiciones rehuyen morar en el flúido astral, cuando el olor del azufre impregna su envoltura. Las personas que han muerto por accidente y cuya piel está lacerada, facilitan a estas entidades el personificarlas, reuniendo la humedad astral y mental, que brota de tales heridas, y crean así apariciones en las sesiones espiritistas.

La adherencia de tales entidades a un sensitivo se puede romper mediante la aplicación de vinagre al recto. Esto aumenta el voltaje del fluido seminal y produce mayor poder de resistencia contra entidades extrañas.

En la atmósfera que nos separa de nuestro sistema secundario, existen innumerables lugares donde ciertas especies atómicas se suspenden, como nidos de pájaros tejedores. Estas colonias deforman nuestras mentes. Imaginemos miríadas de ellos flotando, sin resistencia, en el espacio. Estas se ciernen invisibles alrededor de nuestra atmósfera y, en tiempo húmedo, son recibidas más fácilmente sobre la superficie de nuestra envoltura mental, y permanecen allí, infestándola como un enjambre de hormigas en un montículo de tierra.

Las personas que reciben tales entidades devienen ansiosas y nerviosas, especialmente durante las tempestades; por cuanto estas colonias se contraen en la lluvia, haciéndose más densas y aumentan la depresión de quienes las reciben.

La única manera de expulsarlas es aumentar la vitalidad, por medio de la cultura física y de cualquier otra actividad saludable.

El estudiante no debiera aspirar, cuando el aire es pesado y deprimente; pues tales condiciones perjudican a su envoltura mental; ya que el aliento, al aspirar, convierte a uno en un imán para otros átomos. Estos átomos son los parásitos y zánganos de las especies atómicas; son perezosos, inútiles, desvitalizantes. Las personas sensitivas, que atraen tales condiciones, necesitan alimentarse mejor. Deben adquirir hábitos regulares y normales, a fin de eliminar los desperdicios de su sistema.

Estamos constantemente rodeados de cortezas arrojadas por los seres a quienes hemos amado, y que han alcanzado la verdadera esfera propia de consecución. Visitar a éstos es fácil para el estudiante avanzado, quien llega a ellos penetrando en su interior y no reaccionando a la atmósfera oponente, llena de tales cortezas.

A veces se nos aparece una persona que vive en una esfera más elevada. Esto es raro, pero ocurre cuando uno de los grandes Seres, dirige o guía a una persona, a través de los estados del purgatorio de ilusión, a nuestra atmósfera objetiva; pero, esto únicamente ocurre cuando se considera necesario para el ser amado en la tierra.

La supervivencia después de la muerte se aprende fácilmente en los primeros pasos de Yoga. Más tarde, el estudiante no pensará, en absoluto, en la supervivencia tal como se entiende usualmente; por cuanto aprende lo referente al espacio — tiempo y ello no le preocupa. 

No empleamos métodos correctos en los entierros. Inmediatamente después de la muerte, se ha de colocar el cadáver en un cuarto obscuro, sin corrientes de aire; luego se coloca una botella de agua caliente en los pies, levantando éstos a una posición ligeramente vertical. Esto mejora la circulación de las envolturas, de manera que éstas se aflojan fácilmente y se desprenden del cuerpo. Pues, con frecuencia, se entierra a la gente mientras sus envolturas astrales se encuentran todavía en la atmósfera del cuerpo, y esto causa gran malestar a los átomos que las componen y, después, reaccionan sobre la mentalidad superior de la persona que ha abandonado su concha.

El proceso de desintegración se desarrolla durante un período considerable de tiempo; el cadáver no debiera ser enterrado antes de tres días, salvo en un clima cálido. Pero, sobre todo, es mejor cremar el cuerpo; pues esto da a la persona paz mental y se disminuyen sus sufrimientos.

Mientras el astral se mantiene adherido al cadáver, es cuando aparece a personas de mente sensitiva.

Las personas despreocupadas piensan poco sobre el cuidado de los muertos; se imaginan que ya no necesitan más cuidados. Pero, si una persona muere repentinamente y su cuerpo se enfría, experimenta intensa agonía y, si es de naturaleza baja, se vengará de quienes sean responsables de tal sufrimiento. Diremos de paso que, al ayudar a personas, que se ahogaban mientras se encontraban fuera del cuerpo, no se observó esta agonía; puesto que existe afinidad entre la envoltura astral y el agua; pues ambos son de naturaleza variable.

La muerte no es para el ocultista tan dolorosa como para el hombre normal, puesto que, al penetrar el primero en sus sistemas interiores, pasa por una especie de muerte; pero las religiones han inculcado en sus secuaces la idea de terrores después de la muerte, al punto que, muchos cristianos devotos luchan contra lo que, a veces, debiera ser bienvenido. 

Es siempre conveniente cortar la arteria femoral, después que el médico haya declarado definitivamente que se ha producido la muerte; pues, a veces, se producen estados de coma o de trance.

Como la tierra alienta, inhalando y exhalando como nosotros, los cementerios son una amenaza para la civilización. Con el tiempo, la cremación tomará el lugar del enterramiento, y en cada hogar habrá un altar para conservar las cenizas de quienes, durante la vida, han demostrado amor; pero no, las cenizas de quienes no lo tuvieron. En lo futuro, los jóvenes no rendirán culto a sus antepasados indistintamente, sino que enviarán la expresión de su amor, únicamente, a quienes lo merezcan, con lo cual los elevarán a esferas más altas de conciencia.

En esas cenizas se mantendrá el vínculo atmosférico entre ellos y sus antepasados. Digamos de paso que, el efecto de la oración de un niño es una de las fuerzas protectoras más eficaces conocidas de los ocultistas. En la historia oculta de Egipto, se menciona un caso en que este pueblo fué salvado de una calamidad, gracias a la oración de un niño. Esto demuestra que los chinos poseen mayor sabiduría, con respecto a estas cosas.

Los iniciados dicen que se ha de respetar a los vivos, y que, cuando la muerte los despierta en sus propios estados de Realidad, se les dará su incienso y perfume. Esto quiere decir que, cuando muere una persona que ha amado a otros y ha sido amada, su amor es perfume e incienso para nuestra mente y, a medida que inhalamos éste, nos ponemos en contacto con aquellos que están mucho más allá que nosotros en los estados internos del ser.

La muerte no es más que un despertamiento en otro estado de conciencia; los griegos trataron este punto muy bellamente, como se puede ver en sus sepulcros. La muerte debiera ser recibida con gozo, no con temor; puesto que con ella retornamos a esferas de la misma naturaleza de nuestro ser.

Extracto de Dioses Atómicos – EL ASTRAL

 

http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar

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