Posteado por: Om Espacio Dinámicas Integradas | 8 enero 2013

Krishnamurti ~ La crueldad como de un pecado en contra del amor.

Krishnamurti ~ La crueldad como de un pecado en contra del amor.

AGUA FLOR

El Maestro habla mucho de la crueldad como de un pecado en contra del amor, haciendo una distinción entre crueldad consciente y crueldad inconsciente. Él dice: «La crueldad consciente consiste en infligir, a sabiendas, dolor a otro ser viviente; y éste es el peor de todos los pecados – la obra de un demonio antes que de una criatura humana».

El uso del palo (como castigo corporal) ha de ser clasificado en esta categoría, puesto que, hablando de la crueldad consciente, Él dice: «Para muchos maestros de escuela es cosa habitual». A esto debemos sumar todas aquellas palabras y gestos dirigidos a herir los sentimientos y el amor propio del niño. En algunos países el castigo corporal está prohibido, pero en la mayoría está todavía en uso; y mi Maestro dice:

«Todas estas personas intentan disculpar su brutalidad diciendo que es la costumbre; pero un delito no deja de ser un delito aunque sean muchos los que lo cometen. El karma no toma en consideración la costumbre, y el karma de la crueldad es el más terrible de todos. En la India, por lo menos, no puede haber ningún tipo de disculpa para esas costumbres, puesto que el deber de no dañar es conocido por todos».

Cualquier idea que se refiera a lo que se suele llamar castigo, no es solamente equivocada, sino también necia. El docente que intenta atemorizar a sus alumnos para que hagan lo que él desea, no se da cuenta de que ellos le obedecen sólo en su presencia y que, en cuanto están lejos de su mirada, no harán ya ningún caso a sus órdenes, e incluso se complacerán en desobedecer, justamente debido a la antipatía que por él sienten. Sin embargo, si él consigue inducirles a que hagan su voluntad porque le aman y desean complacerle, entonces ellos respetarán sus prescripciones incluso durante su ausencia y de ese modo su deber será mucho más fácil. En lugar de desarrollar el temor y la antipatía en el carácter de los muchachos, el educador sabio conseguirá su objetivo despertando en ellos el amor y la devoción y, reforzando de ese modo todo lo bueno que hay en sus almas, les ayudará en el camino hacia la evolución.

Equivocada es también la idea de expulsar, de desembarazarse de un chico travieso en lugar de intentar mejorarlo. Incluso en el caso en que, en el interés de sus compañeros, un muchacho debiera estar separado de ellos, no se debería jamás olvidar el bien del chico mismo. En efecto, la disciplina escolar debería, por encima de todo, tener su fundamento en el bien de los muchachos y no en la idea de ahorrarle molestias al profesor. El docente amoroso no se preocupa de la molestia.

La crueldad inconsciente, muchas veces, surge de pura irreflexión y el docente debería cuidar mucho de no ser, por falta de reflexión, cruel en palabras o acciones. Muchas veces los profesores causan dolor con palabras irreflexivas pronunciadas en un momento en el que ellos estaban molestos por algo proveniente del exterior o mientras se dedicaban a algún importante deber.

Ellos podrán olvidar ese accidente, o eludirlo considerándolo algo poco importante pero, en muchos casos parecidos, el chico sensible que se ha sentido ofendido sigue dando vueltas en su cabeza a aquellas palabras y acaba imaginando todo tipo de absurdas exageraciones.

Muchos malentendidos surgen de ese modo entre maestros y alumnos y,aunque estos últimos deben aprender a ser pacientes y generosos y a darse cuenta de que el docente está deseando ayudar a todos lo más posible, el educador debe, a su vez, estar siempre atento midiendo sus palabras y, por muy atareado que pueda estar, no dejar traslucir en sus conversaciones y acciones otra cosa que cariño.

Si el docente fuera siempre cariñoso con los chicos, los cuales son siempre más jóvenes y más débiles que él, conseguiría fácilmente enseñarles la importante lección del cariño hacia los niños, los animales, los pájaros y los demás seres vivientes. Los chicos mayores que demuestren ser cariñosos y delicados deberían ser animados a observar las condiciones en que se encuentran los animales que ven por las calles, de modo que, en cuanto vieran algún gesto de crueldad, inviten, con mucha cortesía y delicadeza, a quienes lo cometan, a que traten mejor al animal.

A los muchachos se les debería además enseñar que nada que incluya caza o matanza de animal debería ser llamado deporte. Esta palabra debería referirse a los juegos y los ejercicios viriles y no utilizada para herir o matar animales. Mi Maestro dice: «El destino de la persona cruel recae también en aquellos que van a sabiendas a matar a criaturas de Dios y lo llaman deporte».

No creo que los educadores se den cuenta del daño y del sufrimiento que provocan con los chismes que el Maestro llama «Pecados contra el amor».

Los educadores deberían cuidarse mucho de crear dificultades a sus alumnos cotilleando sobre ellos.

A los pies del Maestro por Krishnamurti

WEB: TRABAJADORES DE LA LUZ

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