Posteado por: Om Espacio Dinámicas Integradas | 9 julio 2013

El tiempo, el dinero, la comida y la energía.

 El tiempo, el dinero, la comida y la energía.

 

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Hasta aquí hemos tratado las cuatro áreas (el tiempo, el dinero, la comida y la energía) por separado, pero lo cierto es que a menudo éstas coinciden con nuestra vida cotidiana. Por eso, es necesario observar la manera en que interaccionan, para que hagamos lo que Baba nos pide, es decir, aprender a usar nuestro discernimiento.

Podemos no derrochar el dinero, y haciéndolo, derrochar tiempo y energía; o podemos evitar malgastar tiempo y energía derrochando comida y dinero; y así todas las combinaciones posibles. Por lo tanto, necesitamos mirar con cuidado por el equilibrio de las cuatro áreas, cada vez que tomemos decisiones en la vida cotidiana.

Como ya hemos señalado en capítulos anteriores, comer en restaurantes puede ahorrarnos tiempo y energía, pero nos hace malgastar comida y dinero. O, por el contrario, podría hacernos perder tiempo y derrochar comida, mientras que nos haría ahorrar energía y dinero, y así, puede haber cualquier combinación posible, dependiendo del tipo de restaurante, del transporte necesario para llegar hasta él y la clase de comida servida. Estas son las variables que tienen que tener en consideración al tomar diariamente decisiones, con el fin de evitar el derroche.

Cuando compramos ropa, podríamos, en nuestro entusiasmo por seguir los consejos de Baba, comprar la chaqueta más barata. Sin embargo, hemos de determinar si es de buena calidad, de manera que pueda durarnos tiempo y aguantar muchos lavados.

Si hemos de comprar otra antes de que termine la temporada, entonces estaremos perdiendo no sólo dinero, sino también tiempo y energía. Es preferible que compremos una prenda que, siendo un poco más cara, sea de mejor calidad y más duradera. La ropa de cada temporada se pasa enseguida de moda. Conviene planear la compra de prendas básicas que puedan combinarse con distintos accesorios, para poder variar y así evitar el derroche de dinero y también de tiempo y de energía, que se malgasta yendo muchas veces de compras.

Para distancias cortas es preferible caminar en lugar de usar el coche. Caminar nos llevará más tiempo, pero nos ahorrará dinero y mejorará nuestra salud.

Sin embargo, cuando decidamos la forma de realizar un viaje, hemos de tener en cuenta que, aunque el avión sea el medio de transporte más caro, es el que más tiempo y energía nos ahorrará. Cuando organicemos un viaje, podremos seguir las palabras de Baba y escoger un hotel no demasiado

caro, ya que la habitación se usa generalmente sólo para dormir. Sin embargo, si el hotel está muy lejos del lugar adonde hemos de acudir a trabajar o a reunirnos, malgastaremos tiempo y energía yendo y viniendo, además de dinero en transportes, por lo que será mejor tomar una decisión que resulte más práctica.

Muchas personas encuentran que son más conscientes de unas áreas que de otras, dependiendo de los valores y las actitudes que hayan aprendido en la infancia.

Por ejemplo, podemos aceptar o rechazar la relación de nuestros padres con el dinero.

Si nos han enseñado a administrarlo con cuidado, generalmente seguiremos haciéndolo en nuestra vida adulta. Si, por el contrario, el dinero estaba relacionado con discusiones y conflictos, seguramente, y como una reacción de rebeldía, mostraremos nuestra independencia derrochándolo.

Si nuestros padres, con su actitud, nos enseñaron que nuestra seguridad estaba en el dinero, en lugar de Dios, haremos del dinero algo demasiado importante en nuestra vida y nunca sentiremos que tenemos bastante.

Así, el dinero y lo que podamos comprar con él se convertirán en el motivo de todas nuestras actividades. Trabajaremos para ganar cuanto más dinero mejor, en lugar de trabajar para servir a los demás y amar a Dios. Baba ha reiterado a menudo que ésta es la única forma correcta de vivir.

Lo mismo sucede con la comida. Si ésta se convierte en nuestro máximo símbolo de seguridad, asumirá un rol demasiado importante en nuestras vidas. Trataremos en vano de satisfacer nuestro innato apetito de Dios comiendo o bebiendo en exceso, lo que también es una forma de derroche.

Nuestra actitud respecto del tiempo también se forma de acuerdo con la educación dada por los padres. Si ellos lo malgastan, podremos seguir su ejemplo o hacer justo lo contrario. Si ellos se rigen todo el tiempo por el reloj y convierten la puntualidad en algo fundamental, podemos reaccionar siguiendo su ejemplo o haciendo justo lo contrario, es decir, llegando siempre tarde a los sitios. Por el contrario, si ellos siempre son impuntuales, podremos haber seguido su ejemplo, o todo lo opuesto.

También en la infancia se nos ha enseñado, a menudo en forma sutil, la actitud con respecto al uso de energía, a través de los padres o de las figuras que representaban la autoridad. Si éstos sustentaban la opinión de que era preferible pasar el tiempo divirtiéndose en lugar de trabajando, nosotros podremos ser auténticos hedonistas o lo contrario, es decir, trabajadores compulsivos. Ningún extremo es aconsejable.

Necesitamos el trabajo y el ocio o, mejor aún, que el trabajo sea tan placentero que estemos relajados en lugar de tensos.

Hemos sido condicionados para considerar el dinero, la comida, el tiempo y la energía como posesiones nuestras. Sin embargo, todo ello pertenece a Baba. Por lo tanto, nosotros no somos los dueños, sino los administradores. Él ha dado a cada uno de nosotros lo que sabe que necesitamos para nuestro crecimiento, por lo que es nuestra obligación hacer el mejor uso de ello, no para nuestro beneficio personal, sino siendo honestos siervos de la voluntad de Baba.

Por lo tanto, nuestra pregunta diaria debería ser: “¿Cómo querría Baba que yo usara los cuatro dones del dinero, la comida, el tiempo y la energía, en el día de hoy?”.

Esto aliviaría la pesada carga que supone considerar los cuatro elementos como posesiones personales, para usarlas para nuestro beneficio.

Ya que nosotros realmente no poseemos ninguno de ellos, podemos disfrutarlos en cualquier circunstancia. Una devota nos contó su experiencia: fue a unos grandes almacenes y se sintió tentada de comprar todo aquello que le llamaba la atención.

Pero entonces le dijo en silencio a Baba “Gracias Baba, por permitirme ver todas las cosas bonitas siempre que lo desee, sin tenerlas que llevar conmigo todo el tiempo”.

Otra devota, mientras meditaba, “vio” a Baba a la puerta de una casa. Él la invitó a entrar con las siguientes palabras: “Bienvenida a mi casa”. Cuando ella entró, se quedó atónita al ver todo lo que en ella había. Baba sonrió. Rápidamente, ella se dio cuenta de que todo era en realidad de Él, y de que ella sólo lo había tomado prestado por un tiempo. Dijo que su actitud hacia las cosas había cambiado completamente desde ese momento.

Como sucede con las cosas tangibles que el dinero puede comprar, ocurre también con el tiempo y la energía.

El tiempo es de Baba y la energía es de Baba, y nosotros le servimos durante un tiempo. Hemos de preguntarnos a nosotros mismos si somos buenos administradores del dinero, la comida, el tiempo y la energía. ¿Los estamos usando como Él querría que lo hiciéramos? ¿O, por el contrario, estamos malgastando lo que Él nos ha dado para usar en esta vida?

Pídanle a Baba que les muestre de qué manera pueden utilizar lo que aprovechen de dinero, de comida, de tiempo y de energía para ayudar a los demás, para ayudarles sobre todo a que se ayuden a sí mismos.

Te preguntas cómo darte cuenta de cuando estoy junto a ti.

Cuando en una noche tórrida en que todo está caliente e inmóvil, una brisa fresca roza tus mejillas.

¡Piensa en Mí!

Cuando has apagado los dolores del hambre, cuando ya no estás solo y comienzas a sentirte feliz.

¡Piensa en Mí!

Cuando tienes la boca reseca y apenas puedes hablar, con el primer sorbo de agua fresca te estoy aliviando.

¡Piensa en Mí!

Cuando sobre tu rostro caen las gotas de lluvia que riegan el suelo y sientes el perfume de la tierra mojada: te estoy lavando.

¡Piensa en Mí!

Cuando te desaparece el dolor y se te secan las lágrimas.

¡Piensa en Mí!

Cuando tus ojos, horrorizados ante las crueldades de la vida, se vuelven para contemplar el sol del atardecer:

te estoy reconfortando.

¡Piensa en Mí!

Y luego te preguntas cómo sabré yo cuándo estás tú junto a Mí.

Cuando el sol quema la tierra y sientes que te abrasa; cuando tienes los ojos llenos de polvo y arena y no ves siquiera un hilo de sombra y me amas.

Cuando en tu soledad sólo te acompaña el hambre y no puedes satisfacerlo y me amas.

Cuando los labios se te agrietan y sientes la boca de arcilla; cuando se te cierra la garganta y no hay una gota de agua, ni siquiera un espejismo y me amas.

Cuando el dolor se vuelve insoportable y sonríes y me amas.

Cuando te quito los bienes más preciados, incluso la vista, y te envuelven las tinieblas y me amas.

Mío es todo lo que ves, hueles, gustas o tocas.

¿Cómo podrías darme lo que es mío ya pero tú amas?

Todo eso te lo había dado, antes de comenzar los tiempos como un don del alma.

Cuando me lo devuelvas, sabré que eres plenamente mío y en Mí disolveré tus penas y tu felicidad.

Pues así soy, te haré eternamente bienaventurado.

Porque te amo y pienso en ti constantemente.

Tu Padre que más te ama Sri Sathya Sai Baba

(Del libro El Espíritu y la Mente, de Samuel Sandweiss)

Extracto de
LIMITE A LOS DESEOS
Sugerencias para círculos de estudio y para el uso individual sobre el programa

Pag. Anterior: Varios/Otros – Energía. Principios básicos
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/index.php?ndx=3014

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