Posteado por: Om Espacio Dinámicas Integradas | 28 noviembre 2018

DUELAR LO QUE NO FUE, © Virginia Gawel

DUELAR LO QUE NO FUE

La imagen puede contener: dibujo

 

Hay vidas que quedan detenidas, como un tren lleno de pasajeros que se demorara en una estación aguardando a alguien que no se decidiera a subirse (pero durante horas, días, meses, años…). Un tren que, mientras tanto… no puede llegar a destino!

En ese punto, si nos sucede, nuestra existencia se ha convertido en UNA SALA DE ESPERA PARA LO QUE NO ES (y no sabemos si llegará a ser): nos hemos quedado aferrados a nuestra idea de cómo debían ser las cosas… y nos cuesta soltar esa idea, aún con costos altísimos!

De allí viene una des-esperación que, si la sabemos escuchar, puede evitarnos el quedar entrampados en lo que plantea la canción del querido Serrat: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, ni nada más amado que lo que perdí”.

Aprender a que el tren siga, y a despedirse de aquello que NO va a subir (aunque nuestros planes tuvieran otra perspectiva) puede ser doloroso… pero altamente liberador. Lo es si lo afrontamos como un proceso: duelar lo que no fue puede ser tan arduo como duelar cualquier pérdida de lo que sí hubo en nuestra vida.

Hay hijos que no pueden llegar a ser adultos por esperar la aprobación de padres que no han sabido amarlos… hombres y mujeres que no encuentran a quien les aguarda en la próxima estación por esperar que a su tren suba quien NO los elige… vidas que quedan mirando hacia la pared porque no se les dio eso que tanto anhelaban (un hijo que no puede ser concebido, un amor que cubra sus expectativas, un reconocimiento que nunca se manifiesta de quien se lo esperaba…) . Así, no llegamos a encarnar identidades que hallaríamos si renunciáramos al futuro que imaginamos para ASENTIR con el corazón abierto (aunque esté dolorido) a lo que la Vida nos proponga más allá de ese anhelo no cumplido (por ahora, o incumplido para siempre).

No nos asustemos de la palabra “renunciar”. Renunciar puede ser un acto creativo, generador de lo nuevo. Re-enunciar significa que donde decíamos “sí”, enunciamos un “no” aceptador y maduro… lo cual dará espacio a que pongamos el “sí” donde el “no” estaba cerrándonos puertas hacia caminos aún no transitados.

Se trata de una LIBERTAD AUTO ADJUDICADA que nos posibilita ser quienes no sabíamos que TAMBIÉN éramos (y tal vez encontrar a quienes ignorábamos que también estaban!).

¿Estamos esperando un tren cuya llegada, al demorarnos o ser imposible, nos demora?

¿Cuál es la libertad auto adjudicada que está pidiendo abrirse paso en nuestra vida?

Cuidar de sí es re-enunciar desde una honda inteligencia emocional. Un trabajo arduo, pero que al final del camino, se ve como una victoria del espíritu. Que así sea!

© Virginia Gawel


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